miércoles, 10 de diciembre de 2014

Noche herrumbrada


Retumba tu mirada sobre los espacios de la nada
como la tormenta que azota su pronta llegada
invierno infinito sobre el postigo de tu cama
……
fantasma ardiente en la noche fugitiva,
curvada de vacíos que antes besaran,
llanuras pampeanas, profundidades oceánicas,
….
campos de labriego tus iluminados cabellos,
sobre sus espaldas  frustradas distancias,
dolores antiguos tu alma encerrada,
….
vagando por el tiempo declarando
el derecho a gritarla tu lengua que sangra
sobre la noche amarga,
….
rito pagano lacerando silencios,
quedó tu recuerdo sobre la tumba
abandonada, sin flores olvidada.

….

martes, 9 de diciembre de 2014

Me enseñaste

Me enseñaste,
como amarte perdidamente
como sobrevivir cada día
sin tu presencia a mi lado,
amándome desde la lejanía,
pero sabes,
nunca me enseñaste
a vivir sin tu amor,
junto a la ausencia de tus besos,
sin tu rostro en los ojos del viento,
ni en la acuarela que decididamente
pinta mis calles,
como seguir sin tu voz,
quemando mis sentidos,
con la falta de tu ternura
en mis retinas y piel,
como compartirte,
no, no me enseñaste
a buscar las fuerzas para no llamarte,
a oprimir mi pecho cada vez que te extraño,
a fingir consuelo cuando te estoy amando

Lucía (continuación)


Varias semanas después...

-Abrió sus ojos al asomarse la mañana, gris y fría, miró rápidamente a su alrededor y vio a su pequeño dormido dentro de una caja húmeda de cartón, por el  agua que se escurría de las alcantarillas.

-El viento soplaba fuertemente como un loco delirante y el frío penetraba los huesos, pensó cuánto tiempo más resistiría debajo de ese puente, caminó unos cuantos metros sin alejarse, en busca de papeles y ramas para encender el fuego.

-Por las noches en sus sueños, Andrés llegaba extendiendo sus brazos dulcemente para abrazarla, impregnándole su aroma en su piel, en su rostro, luego tomaba al niño entre sus brazos y juntos se marchaban de ese horrible lugar. Lo sentía tan intenso, que dolía el despertar.

-Por las tardes miraba hacia la ciudad, en la espera de la noche, cuando el vendría a sus sueños rescatándola con su amor.

-Dos años llevaban viviendo debajo del puente, la ciudad era un caos las guerras de pandillas azotaban con su violencia, se apoderaban de las calles, y las personas  se alejaban de las grandes ciudades en busca de pequeñas poblaciones, el hambre hacía estragos y los hospitales no daban abasto.

-Abigail enseñaba a su hijo a leer y a sembrar en la huerta que había construido  a la sombra de unos árboles, Rafael era un niño muy despierto, entendía muy bien lo que su madre le enseñaba.

-Así de esa manera humilde eran felices, sin depender de nadie, Rafael tarareaba una melodía que su madre le cantaba cada día, mientras jugaba con unos pequeños juguetes de madera que ella misma le tallaba, Abigail no olvidaba… 


-Abigail Corría con sus cabellos al viento sin mirar atrás, sentía el frío helado en su rostro sin  importar que lágrimas saladas formaran charcos en su blusa, corría, sentía que sus piernas no conocían el cansancio, una fuerza dentro de ella la hacía seguir, cada vez más, y más, sentía que el camino se alargaba cortándole la respiración, dio un recorrido por la guardia de aquel hospital con su hijo en brazos y sus pies descalzos hasta que al fin se desmayó.

-Despertó después de varios días, el color había vuelto a sus mejillas, su cuerpo estaba limpio, sus cabellos brillaban, era joven nuevamente…

-Su hijo se encontraba de pie al borde de su cama, con una manzana en sus manos sonriente, todo había pasado, solo se trató de una descompensación por el frío, pronto estaba por llegar la primavera, pero el frío rezagado se negaba a marcharse.

-Abigail miro a su niño, limpio, con vestimentas nuevas, zapatillas en sus pies, y vio, que esa vida no era lo que ella deseaba para él.

-El médico al conocer su situación le brindó su apoyo llevándola a una pequeña vivienda que fuese de su madre cuando aún  vivía, así pasaban sus días la primavera había llegado, Abigail consiguió trabajo en el hospital, su hijo asistía a la escuela, y el médico la visitaba cada día enamorado y admirado por su valentía.

En el presente...

-A los tres años de casados naciste tú, hija, ahora entiendes las razones por que tu hermano hace lo que hace, al morir tu padre nos dejó solo deudas, Rafael se hizo cargo de la familia, son sus negocios los que nos sacan adelante y hacen que nada nos falte.

-Nadie sabía exactamente a lo que Rafael se dedicaba, hacía préstamos, compraba empresas que se encontraban en ruinas, se quedaba con las viviendas de sus clientes, y con la de su padre, que un día viniera por un préstamo sin saber frente a quien estaba parado.


-La promesa de Abigail se había cumplido, ahora Rafael y Esteban eran socios, sin conocer el último que se trataba de su hermano… Continuará



Lucía: XXI - XXII

Lucía (continuación)


-El médico ginecólogo se hizo presente en la sala revisando a la joven madre, la observó por un instante y extendió su certificado de alta médica, al igual que el médico pediatra que, con su mirada interrogaba su soledad.

 -Con la advertencia, sobre la importancia de sus cuidados, y vacunas para el niño, y que no olvidara controlarlo, en sus visitas al médico, sobre su peso o posibles molestias que pudiera percibir, antes de retirarse ordenó a la enfermera proveyera a la joven madre de vestimentas para el infante y varios potes de leche, para aportar al buen crecimiento, Abigail quedó muy agradecida y abrigó muy bien a su niño, y partió  de la sala, caminó unos metros y regresó revisando cada rincón de la habitación, como si olvidara algo, en la cuna donde hiciera instantes su hijo durmiera vio unas frazaditas y las tomó, saliendo de prisa del lugar.

-Se dijo así misma, si ese acto que acababa de cometer era por amor, no se trataba de un delito.

-Al llegar a las puertas que la reunían con el afuera sintió como el peso de la vida caía sobre sus espaldas, miró hacia ambos lados sintiendo como cada detalle se agigantaba a sus ojos.

-Cruzó la calle y su niño comenzó a llorar, se sentó en un banco y le dio de mamar, mientras su hijo se alimentaba, su mente volaba, imaginando la reacción de Andrés, al ver a su bebe, en brazos, y caminó sola en el frío con hambre, cansada sin una moneda en sus bolsillos.

-Tocó el timbre del portero, que se encontraba a cien metros de la entrada a la casa, una voz la atendió, era Matilde la mucama de la familia, a quien se anunció, solo recibió negativas sobre cualquier información del joven, sin permitirle el ingreso a la residencia,  Abigail levantó su mirada desconcertada pudiendo ver como de la casa detrás de las cortinas la observaban.

-Se aferró fuertemente a las rejas y gritó, -¡Andrés, soy Abigail ven, conoce a tu hijo! -¡Es tu hijo Andrés!

-Nadie salió, rápidamente las cortinas se cerraron, la joven dejó su cuerpo desplomarse con su niño en brazos y sus piernas manchadas de sangre, lloró con llanto desconsolado apoyada en las rejas  mientras aferraba el niño a su cuerpo, de la casa salieron tres guardaespaldas para quitarla de la puerta y  arrojarla a la calle, lastimándole su frente y codos al apoyarlos para sostener a su hijo.

-Lloró en silencio, y se dijo que nunca más lloraría, y todo cuanto fuese de Esteban un día seria suyo, comprendiendo el porqué de su negativa cuando ella preguntaba por su familia, entendió que todas sus promesas de amor eran mentiras… Continuará




Lucía: XX