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miércoles, 28 de enero de 2015

Palacio de amapolas



///

Dibujó con su sonrisa
un palacio de amapolas
sembró semillas a semillas
cultivándolas ella sola

///

Amaneció un buen día
colgando de su puerta
una caja amarilla
con listones azul Francia
 y violetas,

///


la abrió sorprendida
cuidando  no romperla,
era una luz encendida
que gira sobre su eje
cegando con su brillo
toda mirada perdida,

///


¡Era un rayo de sol,
trayendo consigo,
alegría, paz y amor!

///


Lo colocó muy despacio
sobre su castillo de amapolas
las cuales florecieron
llenas de vidas
Irradiando variedad
de colores,

///


¡Has sido bendecida!
le habló una voz
dentro de su mente
por ser agradecida
a tus raíces, a la vida
y trabajar tenazmente

///


No calles

Hundió el puñal muy hondo
en su pecho
¡Y sintió!
Que todo había muerto,
al levantar la  mirada
se encontró con el desierto,
¡Calla muchacha, no digas esas palabras!
¡Bórralas de tu mente de nada sirve recordarlas!
 Sentía con impotencia
su dignidad ultrajada
enterrada en los confines
del silencio
¡Postrada la garganta
quebró sobre su lecho
negándose a emitir
toda palabra de sufrimiento!
¡Aprende a sonreír
aunque por dentro
estés muriendo!
Agonizantes pupilas
escondieron sus miradas
ya no había fantasías
príncipes en carrozas
ni cuentos de hadas.
¡Paga por ser quien eres
aunque no lo merecieras!
Mañana habrás olvidado
será cosa del pasado,
¡Y cuando un pensamiento
te lleve nuevamente,
dile que es mentira

que todo  fue un  invento!

Solo paz

Se fue el dolor
llegó la calma,
junto con ella
la esperanza
la ternura y
la bonanza
de saber
que hay paz
en mi alma,
que la angustia
ha partido
llevándose el
gris de la mañana,
afuera salió el sol
ya no lleve en mi
ventana,
la mesa está servida
los hijos y nieta
esperan,
con sus corazones
abiertos,
depositando sobre
mi pecho sus ilusiones
tempranas,


Nuestro tiempo


Quise atrapar el tiempo
y apreté mis labios contra
los fresnos de tu pecho,
palpé las llanuras y camine,
a lo largo de su densa espesura,
montada en embriagues
cabalgue sus colinas,
divisando la inmensidad desde lo alto,
lejano e interminable laberinto
sabor naranjo,
ayer de tu profana boca,
donde tu aliento
se hospeda bebiendo,
y alimentándose de mi pecho.
Leche blanca de arenas y carnes,
tensas sobre la playa
nuestras piernas,
Surcando marejadas,
Mientras, sus agujas abrían y cerraban
Su voz se oía en ecos repitentes
tic tac, otro más y más…
Y así mordía mientras sus orgasmos
se descontrolaban estrepitosamente,
saciaba sus ansias y repetía,
repetía como nunca antes,
tic tac, tic tac


martes, 27 de enero de 2015

El monstruo que habita en…


Cerró sus ojos y,
consumió de la primavera
 sus pétalos florecientes,
uno a uno deshojó con sus fauces
el néctar que habitaba en ellos  
saboreando sus dulces,
enriqueciéndose con su savia
pernocto dentro del capullo
más tierno y frágil
haciéndolo suyo,
su nido, su hogar,
bebió, bebió de él
hasta saciar su orgullo
y se durmió a sus pies
satisfecho al no verlo florecer,
quito sus máscaras
tendió sus espinas
e inundo el lugar
con su hiel. 

viernes, 23 de enero de 2015

Entre vértices de alcobas

Sintió su mirada
como penetraba lenta y profundamente
entre roces lacerantes,
su piel abría
al murmullo de su voz,
los oídos derretían las palabras
una y otra vez,
sucumbía a los susurros
de la noche,
y esperaba…
Esperaba su blanco
consumarse arduamente
sin tiempos,
con miradas de nieblas,
aturdiendo en las oscuras llamas,
simulando melodías
amortiguadores en las raídas sábanas
desfallecían en su trajín,
sales escurrían por sus espaldas
en un gemir de alcobas,
las arenas mecían las notas
de una vieja tonada de madrugadas,
mientras sus lenguas se atragantaban
en sus gargantas,
se oían, mutuamente,
arrodillándose  en el silencio,
bebiendo de sus vértices
ahogando sus labios
en aquella canción…

Su regreso


Y volvió como tantas otras veces
con su rostro cansado de amaneceres
en alcobas extrañas,
sus ojeras destilaban relámpagos
anocheceres con aromas a otras sábanas,
regresó silencioso
como un fantasma,
lo supo…
Desde ese momento comprendió,
que lo había perdido para siempre,
ya no era el mismo,
aquel que había partido
 de mirada peregrina
corazón errante,
su tiempo de vagabundear culminaba,
como el otoño con el verdor de las caducas,
sus sueños cautivos,
guardaban en secreto
y arrogancia su nombre,
su piel, que lo había acariciado
sujetando su alma
con ambas manos,
había corrompido su voz
sus sonidos fónicos se oían atrapantes
seducía a su paso,
con aroma,
a hombre enamorado…


Como suelo mirarte…




Te vi,
en un espejismo
parado frente a mí
con un manojo de caireles
tus manos
aplaudían nostalgias,
aún con los ojos cerrados
saboree el salado de tus labios
que subían como dentelladas
fantasmales en la noche,
recorrían mi silueta
dibujada en la cera
deslizándose
por las grietas de mi cuarto,
eras tú, lo sé,
mi piel me lo dijo susurrante,
en secreto viniste,
como tantas otras,
mientras duermo
sin ti,
olí el aroma primavera,
que brota de tu aliento
lejano, muy lejano en la noche
fría sin tus brazos,
ni el sol de tus párpados,
cuando me miran,
ruborizando mis pupilas de amapolas,
como tu sangre.

sábado, 10 de enero de 2015

Lucía (continuación)


-Esteban dio dos vueltas a la manzana, al llegar a la esquina hizo juego de luces y estaciono en la terminal abandonada, donde siempre, esperando la llegada de Héctor, que vivía en ese humilde barrio donde la marginalidad hacía estragos, el muchacho corrió hasta el coche importado y sacó de entre sus prendas unos documentos guardándose un sobre solo para él, Esteban los recibió colocándolos en la guantera, pagó por su servicios y se retiró del lugar a gran velocidad.

-Héctor colocó el dinero dentro de sus medias dirigiéndose al teléfono público e hizo una llamada ofreciendo el sobre que se había guardado.

-Del otro lado le confirmaron la operación.

-Se apoyó sobre la barra del bar, pidió una cerveza mientras observaba el espectáculo que daba la borracha entrada en años, cada noche era lo mismo, llegaba muy bien arreglada y perfumada, luego la invitaban a beber perdiendo la compostura, subía y descendía del cuarto tantas veces como fuera posible por una mínima cantidad de monedas, otras veces por nada, solo por un trago más, que aplacara los fantasmas de su cabeza.

-De rostro una vez hermoso, lozano, ahora solo reflejaba dolor, e inmensa amargura, las arrugas se agolpaban unas con otras haciéndose lugar donde cobijar, las comisuras de sus labios agrietados de fingidas sonrisas remarcaban su expresión de mirada sin sueños.

-La noche estaba concurrida el lugar permanecía atiborrado de gentes risueñas, la bebida se deslizaba por las gargantas donde nacían cantos  e intérpretes de poca monta.

-Héctor miró hacia la ventana, vio estacionarse un coche nuevo, haciéndose paso entre los concurrentes caminó con dificultad por los obstáculos hacia la puerta de entrada, cuando una mano se apoyó sobre su hombro derecho, al girar, vio el rostro de Esteban quien con una mano quitó de entre sus prendas el sobre faltante, y con la otra dio unos golpes sobre su espalda, y continuó su camino saliendo por la puerta de emergencia.

-El joven delincuente no tuvo tiempo de entender lo que sucedía,  el calor corría por su cintura descendiendo hacia sus piernas las cuales sintió cansadas, levanto la mirada vio acercarse al dueño del coche nuevo que se dirigía hacia donde él se encontraba, su mirada se nublaba cayendo al piso, la sangre brotaba serpenteante sobre sus pies, de pronto recordó que ese día no saludó a su madre, vio sus ojos dibujarse en el aire, sus caricias, cuando le pedía que estudiara que se alejara de las malas compañías, todo era tan claro y confuso, cerró sus ojos para descansar, trayendo a la memoria la imagen de esa tierna viejecita, cuando el terminara con su vida, solo por unas pocas monedas, su nombre, su nombre llegó como un flash a su mente, Ema…



-Cuándo olvidamos el vivir,
 el soñar,
las herramientas para imaginar un
futuro mejor,
donde hacernos al mañana
en una nueva realidad…
Olvidamos,
nuestra naturaleza humana.


Continuará


Lucía: XXXI

Lucía (continuación)


Amar a pesar de todo, aceptando las diferencias...

-La mañana verde nació al nuevo día, los pájaros se retiraban en busca del alimento diario en medio de barrullos con sus trinos, los capullos lentamente se abrían a la vida floreciente, el aroma del pasto húmedo por el rocío relajaba los sentidos aun adormecidos.

-Lucía descendía por las escaleras fresca, radiante, fuerte, su cuerpo ya restablecido, el color en sus mejillas y en sus labios.

-Las jóvenes se miraron mientras desayunaban ninguna hablaba, ambas sabían lo que la otra pensaba…

-Sarita comenzó… - Siempre lo amé, aun sabiendo quien era, conociendo sus secretos, nunca pude alejarme de él, mi sueños sobrevolaban la realidad, la pasión se apoderaba del razonamiento, mi piel, manos, uñas, los sentidos todos, se enardecen cuando estoy frente a Esteban, no puedo sino dejarme llevar y amarlo, amarlo loca y ciegamente, sin importar los detalles, ni que él, solo te amara a ti…

-Las lágrimas corrían por su bello rostro, haciéndola más hermosa, sonrojada, con sus enormes ojos que reflejaban el amor, que brotaba de su interior.

-Lucía escuchaba atentamente, ella lo sabía…

-Confundida no entendía que sentir, o pensar, la pena se apoderaba de su interior, conocía lo que él provocaba, no le eran ajenos sus juegos de seducción.

-Caminaron por el parque de la mansión, conversando ambas sentían respeto y cariño por la otra.

-Al sentarse a la cena se oían los ladridos de los perros guardianes, que corrían acercándose a la puerta de entrada, las luces del coche se apagaron, y los pasos retumbaban muy cerca, la puerta de calle se abrió, y Rafael se hizo presente en el comedor…

-Saludo respetuoso y acaloradamente a su hermana, luego dirigió su mirada, Lucía, y se acercó dándole un beso en la mejilla, acariciando sutil e imperceptiblemente  sus largos y sedosos cabellos.

-Durante la comida solo habló él, de sus negocios, viajes y proyectos, su rostro frío guardaba algo de nostalgia, cuando hablaba parecía interrogar con sus ojos,  Lucía se sentía incómoda sin saber que responder a su mirada.

-Después del café, Sarita se retiró a su dormitorio dejándolos solos para que pudiesen hablar en privado, Rafael necesitaba saber cómo sobrellevaba el diario vivir, y cuáles serían sus siguientes movimientos… Continuará



Lucía: XXX

Lucía (continuación)


No todo es lo que parece, ni todo lo que brilla transparenta su interior...


-Lucía abrió los ojos y una mano cálida acarició su frente, los cerró nuevamente quedando dormida por los sedantes que aun hacían efecto.

-Se encontraba en una habitación en buena compañía, protegida, con cuidados debido a su debilidad, la enfermera la observó por un momento, miró el reloj preparándose para su partida,
acomodó su almohada, las sábanas, cubriéndole el pecho con una manta, cerró las cortinas y se dirigió a la puerta del placar en busca del abrigo, cuando la puerta de calle se oyó abrir, camino en esa dirección despidiéndose hasta el siguiente día.

-La mujer que acababa de entrar, subió las escaleras suave y sutilmente, su figura se meneaba como deslizándose, de tacos altos y polleras ceñidas al cuerpo, escote prominente, su fragancia impregnaba las habitaciones de la casona.

-En el exterior los sonidos se habían apagado, la oscuridad cubría con su manto cada sitio, los árboles formaban figuras fantasmales, todo se trasformaba.

-Mientras los días se sucedían, la joven se reponía satisfactoriamente, tomando fuerzas para levantarse de la cama y caminar por el jardín, disfrutaba de la naturaleza que el campo le ofrecía, los aromas, colores, animales, pájaros y flores.

-Necesitaba recuperar sus energías, para enfrentar cualquier circunstancia que acaeciera, el médico la visitaba asiduamente, confirmándole su aborto espontáneo, por tratarse de un embarazo ectópico, al tener las trompas ligadas.

-Lucía rompió en llantos al recordar esa horrible tarde tratando de escapar del horror, no pudiendo salvar a su hijo que anidara en su vientre materno, se recordó corriendo por ese callejón para caer súbitamente al piso, todo le resultaba muy doloroso, ese hombre que amaba le era un extraño.

-Aun así no podía dejar de amarlo, sus pensamientos la llevaban a él, a sus brazos que tantas noches la habían cobijado haciéndola sentir única y amada.

-Su piel se estremecía al recordar, una piel y boca con recuerdos húmedos aún, se avergonzaba así misma por sentir esa pasión arrolladora por él, su amor y verdugo… Continuará



Lucía: XXIX

viernes, 9 de enero de 2015

Eres esa historia

Vendrán otras bocas
otros labios mojarán
los míos,
nuevos corceles cabalgarán
por los cielos del olvido,
pero tú seguirás siempre
reinando cada suspiro,
en cada lengua sentiré
la tuya recorriendo los
espacios húmedos
que besarán ardientes
mis melodías,
serán tus ojos los que
los míos verán,
vibrar en llamaradas
cuando mi piel
desee cada partícula
de ti, mi amor tan mío,
y te vea ansiosa,
disfrutando como a un niño,
vendrán verdades,
junto a diversas realidades,
pero tú estarás muy a pesar mío,
eres y serás ese sueño
infinito que me cautivó,
culminando cada noche
y regresando en la misma,
cuando te abrazo en silencio…

sábado, 3 de enero de 2015

Tu sonrisa



Tu sonrisa caravana de encuentros
una cita impostergable,
una lectura atrapante de feliz final,
la sombra pegada a mi cuerpo,
incendiando desde el núcleo
mi discernimiento
cada gesto tuyo arremete
arrolladamente mis pasiones,
 con inquebrantable fuerza,
cegando todo raciocinio,
despojando corazas,
invalidando imperceptiblemente
mi orientación,
tu boca cuando dices Te Amo,
presagio de confusión
en mi mente, y alboroto
erizando mi piel,
embanderando tu nombre
me encuentro hoy,
mañana y ayer,
tu sonrisa quien le brinda
melodías a mi corazón,
que danza al ritmo del amor…



Todo es posible cuando encuentras el aroma
del amor que se impregna con arrebato muy
dentro de ti…

martes, 30 de diciembre de 2014

Lucía (continuación)


-Lucía soñaba intensa y vívidamente, sus piernas cansadas corrían doloridas y sangrantes, una fuerza sobrehumana la detenía regresándola a ese momento del que tanto huía… 

-Recostada en la camilla podía ver el quirófano, su boca amordazada, el instrumental, y sus ojos, esos ojos que la observaban detrás de aquel barbijo colocándose los guantes, por detrás ella, con una jeringa dirigiéndose hasta donde se encontraba luchando con todas sus fuerzas para desatar sus manos y huir del lugar…

-Se decía nada podía ser real, solo era un sueño producto del estado en que se encontraba, oía sus voces, Esteban acariciándola pidiéndole, suplicándole despertara, su amiga y hermana Alicia leyéndole cada día, y voces extrañas que no reconocía le hablaban reconfortándola.

-¿Que era real, y que era fruto de su delirio?

-Su cuerpo comenzó a reaccionar, pestañó lentamente primero, luego abrió los ojos miro la habitación se encontraba sola, un silencio rotundo acompañaba, movió las manos, los dedos, cansada cerró los párpados relajándose, entraron las enfermeras y los médicos al ver sus reacciones revisándola, cambiaron su medicación y se retiraron.

-Descansaba en la espera mientras pensaba en sus sueños, dejaba volar su imaginación pensando la alegría que vería en sus rostros cuando la vieran despierta.

-Se encontraba adormecida, cuando el aroma de Esteban la intranquilizó deseaba darle la sorpresa, no venía solo, ambos llegaron dejando sus cosas sobre la silla, ella se apoyó sobre su hombro, él la tomó de la barbilla y besó, a lo que ella respondió apasionadamente, en un juego de seducción.

-Sus lágrimas  brotaron como ríos sin cauce golpeando contra la orilla sin encontrar un conducto donde derramarse, forzaba sus gritos silenciándose para no ser vista, ellos se retiraron sin siquiera mirar.

-Por la noche despertó recordando lo que había visto y su mente la llevó al ayer, a ese tiempo borrado, donde el olvido había sembrado sus raíces, y lo supo, ella estuvo ahí todo era cierto…

-Esteban al fin recobraba la señal de su teléfono, vio con atención las numerosas llamadas del hospital, del día anterior y luego por la madrugada, corrió sin antes hablar, llegando prontamente hasta la sala de guardia, donde le comunicaron del progre.so de su mujer, y de su ausencia.

-Una enfermera se acercó preguntándole si no se había percatado de su estado el día anterior al llegar, su mujer estaba despierta le dijo seriamente, su mente se lo dijo, ella lo sabía todo regresaba a un principio.

-Llamó con insistencia a la oficina de Alicia quien no se encontraba su vuelo ya había partido,  corrió por los pasillos en busca de respuestas, nadie la había visto salir del lugar.

-Se tomó la cabeza con ambas manos y recordó llamar a Roberto, él sería la única persona que podía ayudarlo.

-Roberto prontamente se presentó en su oficina y coordinaron el área de búsqueda, Esteban dirigió su mano hacia el cajón de la derecha y retiró un sobre, era la paga de cada mes por sus servicios y su silencio, el hombre lo tomó y marchó muy de prisa. 

-Rafael observaba silenciosamente desde las sombras podía ver el miedo reflejado en su rostro, sabía que algo ocurría el seguiría con sus negocios.

-Al llegar al departamento de Lucía vio con extrañeza un nuevo guardia, mucho más joven y amable, saludó muy respetuoso y continuó, allí no había rastros de su mujer, ni de que ella hubiese estado en el lugar, revisó si faltaba algo, todo estaba en orden, continuó con su búsqueda, sin saber bien donde buscar… Continuará



Lucía: XXVIII


Lucía (continuación)


-El médico miro con resignación a la joven al darle la triste noticia, quien compungida cayó desmayada al piso, golpeándose la cabeza contra un hierro que sobresalía del aparato de ventilación, ya no despertó…

-Las semanas pasaban, Lucía se encontraba en coma, nadie podía saber si despertaría y cuándo...

-Esteban había abandonado la oficina pasándole el mando a su socio Rafael, quien se hacía cargo de todo.

-El joven no tenía cabeza para pensar en nada más, su padre se hacía presente espaciadas veces, desde que había caído en quiebra no había vuelto a ser el mismo, su madre había muerto hacía ya tiempo, Lucía no tenía familia solo su esposo y su amiga Alicia, quien no se movía de su lado,  leyéndole fantásticas historias, con la idea de lograr su reacción.

-Esteban regresó bañado y afeitado, habían pasado tres meses al entrar a la habitación colocó una mano sobre el hombro de Alicia para despertarla suavemente, se acercó a su oído y le habló por su nombre, la joven despertó con su aroma impregnado, esa sensación le trajo recuerdos y sonrió, tomando la mano, asintiendo haber despertado, se miraron por unos instantes, ella  tomó la cartera y se retiró.

-Él quedo pensando en la situación mientras tomaba la mano de Lucía, frotándola para brindarle calor, se acercó la besó delicadamente en los labios, luego depositó un tímido beso sobre sus mejillas, esperaba con ansias que ella despertara cual bella durmiente.

-A los cinco meses, Alicia regresó cansada de su casa a tomar el lugar al lado de la cama de su amiga, Esteban la esperaba con las manos sobre la cabeza inclinado hacia delante, al verla llegar se incorporó velozmente y la besó en los labios… Necesitaba tanto ese beso…  Ese vacío que sentía, ella lo tomó del cuello, respondió con suavidad y pasión, ambos salieron de la habitación camino a la terraza, la enfermera de guardia al ver la escena se dirigió hacia la habitación, tomando asiento y retomando la lectura.

-Esteban la tomó por las caderas y la apoyó sobre la pared, Alicia levantó las polleras introduciendo con las manos su sexo,  nada los detenía, saciaron sus deseos una y otra vez, sobre la terraza del hospital junto al tanque de agua, él besaba el cuello, ella gozaba susurrando lo mucho que lo deseaba, recordando las tardes de verano junto a la orilla del mar, sobre la arena blanca, intensos suspiros esbozaban ansiosos, sin temor de ser vistos.

-Él se recostó sobre el pecho estabilizando la respiración, ella aun disfrutaba de los espasmos, dejando libres los últimos gemidos…

-La bajó acomodando sus ropas, la besó fugazmente en los labios y juntos descendieron por las escaleras, ella se dirigió a la puerta de salida trasera, el caminó hacia el baño de hombres, donde se tomó de la cabeza, golpeándose con los puños por haberlo hecho, cuando tantas veces se había prometido no volver a caer en su brazos.

-Alicia se había ido, aun su fragancia la sentía en el aire, mareándole los sentidos.

-Las siguientes semanas se turnaba con las enfermeras,  debido que Alicia había retomado sus funciones, él iba solo por momentos a la oficina, Rafael tenía todo controlado junto a su secretaria Sarita.

-Ella esperaba una mirada de él, algún gesto que no recibía, Rafael observaba sin comentar.

-Esteban se retiró de la oficina y decidió esperar sobre su coche a que saliera la muchacha, sentía que debía darle alguna explicación…

-Cuando ya todos se habían retirado, venía Sarita, con polleras ceñidas al cuerpo, escote y tacones altos, meneaba las caderas voluptuosas en un vaivén excitante, pensó que podría explicarle en otro momento, y descendió del coche dirigiéndose hacia ella, en ese momento Rafael se acercó llamándola por su nombre con voz autoritaria, la muchacha se dirigió hacia él, subiendo al coche.

-Esteban quedó viendo la escena, los vio marcharse juntos…   Continuará


Lucía: XXVII



Lucía (continuación)


-Los días pasaban en total reconciliación las sombras no asomaban sus narices intrépidas, cada nuevo amanecer llegaba insinuante, ante los amantes que se consumían en deseos ardiendo en su lecho, todo parecía volver a la normalidad, ella había regresado a su antiguo departamento, él felizmente sentía que su amabilidad, protección la consentían que ya nada le faltaría, pausadamente la seducía envolviéndola entre sus brazos y caricias ella se lo permitía, embriagada en su aroma recorría su hogar, escribiendo, soñando con volver a ser feliz, esta vez para siempre.

-Necesitaba de él, como él de ella, sus besos la adormecían, su piel, su boca y sus manos respondían al sortilegio de amor, nada la apartaría de su lado, la magia era un hecho, instalándose lentamente en sus vidas.

-Esteban regresaba temprano de la oficina y Lucía organizaba el tiempo disponiendo su uso junto al esposo, la felicidad preparaba un sabroso café matinal cautivando sus corazones.

-La joven levantaba la vista y las miradas se cruzaban conquistando las pupilas hechizadas, las sonrisas brotaban acercando sus cuerpos, tomabanse de las manos, admirando esos momentos de relax, como la pasión electrizaba el ambiente los trasladaba a un estado de ensueño, del que no querían despertar decididamente.

-Esteban regresaba de la reunión de los jueves, era la única noche que retornaba tarde, con un ramo de rosas rojas, y una tarjeta escrita a mano, que decía, “Allí donde exista el amor, seremos partícipes  tú y yo”.

- Abrió la puerta de su departamento las luces se encontraban apagadas, se apresuró a encenderlas se dirigió al dormitorio, en la habitación no encontró a su mujer, buscó en el baño y al tomar del picaporte notó que algo se interponía, empujó hasta abrir y grande fue el terror que sintió al ver su mujer tirada sobre el piso cubierta en sangre desvanecida, su respiración se conmocionó, necesitaba llamar a urgencias y las palabras no salían de su boca paralizada.

-Un grito al fin y acudieron los vecinos, Roberto se encargó de llamar la ambulancia, mirando fijamente a Esteban quien no podía salir de su estado de afligimiento.

-La mañana llegó el joven se encontraba parado al lado de la cama de su mujer, no podía imaginar que era lo que le habría sucedido, ni de dónde provenía la sangre.

-Al llegar el recambio de enfermeras le pidieron salir de la habitación, mirándolo con compasión  sabiendo que pronto el médico le diría lo que acontecía.

-El médico lo observó unos instantes antes de hablar, después de revisar a la paciente, y paulatinamente le fue aclarando lo ocurrido, la mujer había sufrido un aborto espontáneo, seguramente por la caída dentro de la habitación de baño…

-Esteban sintió que un puñal se clavaba en su interior para salir por cada orificio de los poros, corrió hacia el baño, vomitó los nervios y la angustia que esa terrible noticia le producía.

-Lucía comenzó a despertar, al abrir los ojos miro a su marido y puso una mano en su vientre, él se la tomó y besó pidiendo que regresara a dormir, que muy pronto regresarían al hogar, la joven asintió con la cabeza y cerró los párpados.

-Por la madrugada su pesadilla la llevó más lejos… Se encontraba en una habitación y de las piernas brotaba sangre que se escurría hasta los pies, ella buscaba la salida tratando de escapar, luego corría cayendo al pavimento, una mano la ayudaba a levantarse… Unas manos  fuertes, ágiles, y despertó llorando a Esteban quien se había dormido debido al cansancio.

-Él la abrazó y contuvo hasta que llegó la enfermera de turno, quien le inyectó un tranquilizante.

-A él, lo envió a descansar, ya que nada podía hacer, hasta llegada la media mañana que sería cuando el efecto del inyectable pasaría.

-Sentía que debía mantenerse a su lado, acomodó la silla y tomó asiento, a los minutos la enfermera regresó con una frazada y le ordenó que se recostara en la cama conjunta.

-Algo no le permitía dormir, las palabras del médico daban vueltas en su mente chocándose unas con otras, para volver armarse y así sucesivamente.

-Él sabía que eso no podía ser cierto, no podía estar pasando, miro a Lucía que descansaba cerró los ojos y se durmió.

-Por la mañana los médicos y enfermeras iban y venían, por los pasillos, los sonidos de los pasos retumbaban produciéndole fuertes dolores de cabeza, lavó su rostro y dejó correr el agua por las manos, tranquilizándose poco a poco.

-La joven despertó y nuevamente llevó la mano hacia su vientre, recordando que, cada vez que algo la ponía triste tenía ese reflejo… Continuará



Lucía: XXVI