lunes, 24 de noviembre de 2014

Lucía (continuación)

Lucía llegó cansada de la firma del nuevo libro, su muñeca ya no resistiría una firma más, decidió que un baño con sales y música suave serían la solución, así lo hizo, encendió unas velas y el clima estaba propenso para la relajación que tanto necesitaba.

Al salir del baño se vistió cómodamente con remera, short y zapatillas, abrió una botella de vino, se sirvió y festejó su progreso. Con la entrega de este libro, había firmado un contrato para su nueva publicación.

No contuvo las ganas de reír y gritar que sentía, no importaba qué pensarían sus vecinos.
Sonó el teléfono, era su amiga Alicia la cual no había podido asistir al evento debido a que se encontraba de viaje de negocios, y juntas rieron y gritaron…

Al colgar volvió a sonar, pensó que su amiga habría olvidado algo que comentar.

Era Esteban con su encantadora voz, que hechizaba sus barreras descendiéndolas hasta el infierno, preguntaba si sería posible que subiera ya que se encontraba en la puerta del edificio, sin saber cómo reaccionar, contestó vacilante, sí.

De repente sintió como sus piernas se tambaleaban, no permitiría que nada arruinara su momento de gloria, caminó pausadamente hacia la puerta de entrada, delicada sutileza, agraciada belleza sus curvas, esperó, sabía que él no usaría el ascensor, al abrir la puerta, lo vio, parado con la  elegancia que lo caracterizaba, y, pensó en lo apuesto que se veía y sentía.

Lo invitó a pasar y su aroma la envolvió como en un sueño, hablaron, rieron, El joven se arremangó las mangas de la camisa de seda Italiana para abrir una botella, y se miraron detenida y pausadamente, ella fijó su vista en sus brazos, en sus manos fuertes y velludas. Recordó sus abrazos que la hacían sentir tan segura.  El, observó su escote, que si bien no era prominente, si era insinuante y provocativo, para él, que conocía lo que allí se ocultaba sin dejarse ver.

Esteban preparó la cena, sabía que ella no la prepararía, y se iría a la cama sin cenar, la conocía muy bien.

Después de verla cenar, se dispuso a despedirse, no quería de ningún modo hacerlo,  pero respetaría a su amada, así todo su ser le dijera lo contrario. Se acercó para saludarla y sus aromas se mezclaron, sintió como su cuerpo se erizaba junto con su piel, ella, sintió un nudo en la garganta, quería que él se lo pidiera, que deseara quedarse, lo deseaba con insistencia.

Esteban la miró y esperó, muy dentro suyo deseaba que ella le pidiera que se quedara, pero solo la abrazó y beso en la mejilla, podía sentir la proximidad de sus labios, sus tibios pechos pegados a su cuerpo, su perfume y la suavidad de sus cabellos, sus piernas temblaban, y se regocijó al saber que ella lo deseaba. Le robó un beso al cual ella disfruto y acompañó, se separaron sus cuerpos febriles y danzantes sedientos de ese tórrido encuentro y se despidieron… Continuará







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